Torrevieja tiene una identidad construida sobre la sal, el mar y una historia de pescadores y salineros que se remonta a varios siglos. La explotación de las salinas —hoy gestionadas por Salinera Española— ha marcado la economía y el carácter de la ciudad durante generaciones. No es casualidad que el escudo municipal lleve un salero: aquí la sal no es un detalle folclórico, es la razón de ser del lugar.
Las fiestas del Habaneras y la Polifonía, celebradas cada agosto, son probablemente lo más singular que tiene Torrevieja en el calendario festivo. El Certamen Internacional de Habaneras —uno de los más importantes del mundo— llena la Ciudad Deportiva del Mar de público cada verano, con grupos de todo el mundo cantando esas melodías que los marineros trajeron del Caribe en el siglo XIX. Si tienes oportunidad de coincidir, no te lo pierdas: hay algo muy especial en escuchar habaneras al aire libre, con el olor a mar de fondo.
Semana Santa y las fiestas patronales de la Virgen del Carmen —en julio— son las otras grandes citas del año. La procesión marinera de la Virgen del Carmen, con la imagen embarcada, es una de esas estampas que los torrevejenses repiten año tras año con una devoción que no tiene nada de impostada. También merece mención la Feria de Septiembre, que cierra el verano con feria de atracciones, música y las últimas noches largas antes de que la ciudad recupere su ritmo más tranquilo.
La ciudad tiene una composición demográfica muy particular: una parte significativa de sus residentes son europeos del norte —británicos, escandinavos, alemanes— que llevan décadas eligiendo Torrevieja para vivir, no solo para veranear. Eso se nota en el comercio, en los carteles bilingües y en cierta mezcla cultural que le da a la ciudad un perfil propio dentro de la provincia.