Torremanzanas tiene una historia vinculada al mundo árabe mucho antes de que los repobladores cristianos le dieran forma definitiva en la Edad Media. La torre que da nombre al municipio era parte de un sistema de comunicación visual entre poblaciones, y su presencia explica por qué este pequeño enclave llegó a tener importancia estratégica en su momento. Hoy es poco más que un vestigio bien conservado, pero ayuda a entender la lógica del territorio.
La economía tradicional del pueblo giró durante siglos en torno a la agricultura de secano: almendros, olivos y, sobre todo, manzanos, que son los que realmente justifican el nombre. La producción de manzana de montaña fue durante décadas una seña de identidad local. Aunque hoy esa actividad ha disminuido, todavía hay quien mantiene huertos familiares con variedades antiguas que no encontrarás en ningún supermercado.
Las fiestas patronales en honor a la Virgen de las Nieves, celebradas en agosto, son el momento en que el pueblo recupera su pulso con más intensidad. Los emigrados que se marcharon a Alicante, Alcoy o más lejos vuelven, las calles se llenan y los bares del pueblo dan lo mejor de sí mismos durante unos días. Fuera de agosto, Torremanzanas es un pueblo tranquilo donde se vive con calma, lo cual es exactamente lo que busca mucha gente.
La comarca de l’Alcoià marca el carácter de sus gentes: trabajo, discreción y un cierto orgullo de la tierra que no necesita ser proclamado en voz alta. Si te acercas con respeto y curiosidad genuina, la gente del pueblo lo agradece y te cuenta cosas que no están en ninguna guía.