Monòver lleva el apellido literario de Azorín con orgullo, y con razón. Que un pueblo de poco más de 8.000 habitantes haya dado uno de los prosistas más reconocidos de la literatura española del siglo XX no es algo que pase todos los días. Esta identidad literaria impregna parte de la vida cultural local: hay referencias al escritor en plazas, calles y en la propia biblioteca municipal, y cada cierto tiempo se organizan actividades en torno a su figura y su obra.
Pero Monòver no vive solo de su pasado literario. Las fiestas patronales en honor a San Juan Bautista, que se celebran en torno al 24 de junio, son el momento del año en que el municipio se vuelca: música, actos religiosos, bous al carrer y una animación que dura varios días. Para el visitante que quiera ver la vida local de verdad, coincidir con estas fechas es una buena apuesta. También tienen peso las fiestas de Moros y Cristianos, que mantienen el espíritu festero tan propio de la comarca del Vinalopó.
La comarca del Medio Vinalopó en la que se integra Monòver tiene una identidad propia marcada por la agricultura de interior —vid, almendra, olivo— y por una economía que históricamente ha girado en torno al calzado y al vino. Eso se nota en el carácter de la gente: trabajadora, directa, sin grandes aspavientos. El municipio no está pensado para el turismo masivo y eso, paradójicamente, es uno de sus mayores atractivos.
El entorno natural del término municipal, con paisajes de viñedos y almendros que en febrero florecen con fuerza, añade un componente visual que merece la pena buscar si visitas en invierno o primavera.