La fiesta de barrio
Un enclave con historia: la Placeta del Pont
El corazón de la Villavieja
Antes de hablar de la hoguera, tienes que sentir el barrio. La Villavieja es la cuna de Alicante. Aquí empezó todo. Es un laberinto de casitas de colores, cuestas que te ponen a prueba y un silencio que se rompe en mil pedazos cuando llegan las fiestas.
La Placeta del Pont es el escenario de esa transformación. De día es un remanso de paz y por la noche, en Hogueras, es un hervidero de música, risas y olor a pólvora. Para mí, no hay mejor postal que levantar la vista desde aquí y ver el Castillo iluminado, como si vigilara su hoguera. Es una conexión brutal entre la fiesta y nuestras raíces.
¿Por qué «El Pont»?
El nombre tiene su miga. «El Pont», en valenciano, es «El Puente». Y es que, según cuentan los que saben, hace muchísimos años por aquí pasaba un pequeño puente para salvar un barranquillo que bajaba del Benacantil. El puente ya no está, pero la hoguera se encargó de que nadie olvidara que este lugar, una vez, fue un paso clave en la ciudad.
Viaje en el tiempo: la historia de la Foguera El Pont
Los primeros años de fuego y arte
Esta hoguera es pura historia de la festa. Es de las más veteranas, plantando monumentos casi desde que empezaron las Hogueras modernas, allá por 1929. Imagínate, por aquí dejó su huella gente como Gastón Castelló, uno de los grandes genios que dio forma a este arte.
¿Te imaginas cómo serían aquellas primeras hogueras? Hechas con más ingenio que dinero, con ese cartón piedra que olía a taller y una crítica social que no dejaba títere con cabeza. Esa es la pura esencia de la fiesta, la que nació en los barrios.
Monumentos que dejaron huella
A lo largo de casi un siglo, esta plaza ha visto de todo. Monumentos que hablaban del futuro del Benacantil, críticas a la política del momento o simplemente escenas costumbristas que te sacaban una sonrisa.
Más que un museo, las hogueras de «El Pont» son una crónica en cartón piedra de Alicante. Han visto pasar modas, crisis y alegrías, y todo ha quedado reflejado en sus ninots antes de convertirse en cenizas. Pura memoria efímera de la ciudad.
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Las representantes del barrio
Si hay algo que mantiene viva la llama de la hoguera durante todo el año son sus representantes: la bellea del foc y sus damas de honor. Son las embajadoras del barrio, la cara visible de la ilusión de cientos de festeros. Y su proclamación, aquí mismo en la placeta, es uno de esos actos que te ponen la piel de gallina, de los que hacen barrio de verdad.
Más que un monumento
No te creas que la hoguera vive solo en junio. ¡Qué va! Durante todo el año, la comisión está a tope: que si la presentación de los ninots, que si el llibret (su revista anual, que es una joya), que si actos benéficos… La fiesta en «El Pont» es un goteo constante que estalla cuando llega el calor.
Y en Hogueras, su racó es el punto de encuentro. Un lugar para cenar, charlar y sentir que, por unos días, la calle vuelve a ser de la gente. Es el plan perfecto para vivir la fiesta desde dentro.
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¿Cuándo y cómo visitarla?
Un consejo de amigo: si quieres ver el monumento con calma y hacerle buenas fotos, acércate la noche de la plantà (la del 20 de junio) o por las mañanas. El ambiente es más tranquilo y la luz, preciosa. Por la noche, la cosa cambia: ¡prepárate para la marcha!
Y la cremà… ¡ay, la cremà! Ver arder la hoguera en esta plaza tan recogida es una pasada. El calor de las llamas, las fachadas iluminadas, el castillo de testigo… Es pura magia. Te lo recomiendo mil veces antes que las de las grandes avenidas.
¿Qué hacer por la zona?
Ya que estás aquí, ¡aprovecha! La visita a la hoguera es la excusa ideal para redescubrir el Casco Antiguo. Pégate un buen tapeo por los bares de la zona, sube al Castillo a flipar con las vistas o baja a la playa del Postiguet, que está a tiro de piedra. ¡Planazo completo!