Elche tiene una identidad cultural muy marcada que va mucho más allá del palmeral. La ciudad lleva siglos en el cruce de caminos entre el Mediterráneo y el interior peninsular, lo que ha dejado una huella histórica rica y a veces sorprendente. El yacimiento de La Alcudia, en las afueras del casco urbano, es donde se encontró en 1897 la Dama de Elche, esa escultura ibérica del siglo IV a.C. que hoy está en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Que una de las piezas más importantes del arte ibérico sea de aquí dice mucho del peso histórico de esta ciudad.
El Misteri d’Elx es el corazón cultural de la ciudad. Se trata de un drama sacro-lírico en valenciano que se representa en la Basílica de Santa María durante la festividad de la Asunción, el 14 y 15 de agosto. Tiene representaciones de ensayo en los días previos que permiten verlo con algo menos de lleno. La ciudad se vuelca entera en estas fechas: hay procesiones, la Festa de la Vinguda, y una atmósfera que no encontrarás igual en ningún otro sitio de España.
Las fiestas de Moros y Cristianos de Elche se celebran en diciembre, lo que las distingue de casi todas las demás de la provincia que son en verano o primavera. El frío navideño y los trajes de época generan una combinación bastante peculiar que los ilicitanos llevan con mucho orgullo. Las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Asunción, en agosto, son las grandes del año y concentran actos durante toda la semana.
La huerta ilicitana merece también una mención aparte. Los campos de granados, limoneros y palmeras que rodean la ciudad son parte de un paisaje agrícola singular en el contexto mediterráneo, con una tradición de regadío milenaria que viene de época árabe. El municipio de Elche es, además, uno de los más extensos de España en superficie, algo que explica la enorme variedad de paisajes que concentra: palmeral, huerta, playa y paraje natural.