El Ràfol d’Almúnia pertenece a la comarca de la Marina Alta, más concretamente al ámbito geográfico conocido como el Marquesado, una subcomarca de interior que agrupa municipios pequeños con una identidad rural muy marcada y una presencia histórica del valenciano como lengua cotidiana. El nombre del municipio ya lo dice todo: ‘ràfol’ hace referencia a una alquería o pequeña explotación agrícola de origen árabe, y ‘Almúnia’ apunta directamente a ese pasado andalusí que compartieron muchos pueblos de la Marina Alta.
Como en casi todos los municipios de la zona, la vida festiva gira en torno a las fiestas patronales en honor a la Natividad de la Virgen, que se celebran en septiembre. Son fiestas de pueblo en el sentido más literal: música, procesión, actos populares en la plaza y esa mezcla de devoción y jolgorio que solo se entiende viviéndola desde dentro. También se celebran actos en torno a Sant Antoni al llegar el invierno, con la típica foguera y las tradiciones valencianas que se repiten de generación en generación en toda la comarca.
La identidad del Ràfol es fundamentalmente agrícola. Durante décadas, la economía local descansó sobre el cultivo del naranjo y del almendro, dos presencias que siguen siendo muy visibles en el paisaje cuando te alejas dos minutos del núcleo urbano. Es un pueblo que ha sabido mantenerse sin grandes transformaciones, lo que le da un carácter auténtico aunque también implica que los servicios son muy limitados y hay que entender el municipio en su contexto: un lugar para vivir tranquilo, no un destino turístico de masas.
La lengua del pueblo es el valenciano, como en casi toda la Marina Alta. Si preguntas por algo en la calle, no te extrañe que la respuesta llegue en valenciano, y eso forma parte del carácter del lugar, no es ningún obstáculo.