El Ayuntamiento de Alicante ha iniciado un proceso de sondeo para encontrar socios, tanto del sector público como del privado, que permitan dar un uso estable al edificio municipal conocido como las Harineras de Benalúa. El inmueble, que perteneció a la empresa Harinas Cloquell, lleva tiempo en manos municipales sin una función definida, y el consistorio explora ahora fórmulas de cesión o cogestión que lo activen como espacio vinculado a la cultura, la formación o la innovación.
La iniciativa abre la posibilidad de que empresas, fundaciones, organismos públicos o universidades se impliquen en el proyecto, ya sea asumiendo la gestión del espacio, compartiendo su uso o colaborando en la definición de su programa. No se trata de una convocatoria formal cerrada, sino de una fase exploratoria en la que el Ayuntamiento recaba interés antes de concretar el modelo definitivo.

Un edificio con historia en el corazón de Benalúa
Las Harineras de Benalúa forman parte del patrimonio industrial de Alicante. El barrio de Benalúa, uno de los más consolidados y con mayor identidad propia de la ciudad, alberga este edificio que durante décadas estuvo ligado a la actividad molinera y de transformación de cereales. Su arquitectura y su escala lo convierten en un contenedor con potencial para albergar actividades de gran formato, algo que escasea en el tejido urbano central de Alicante.
La propiedad municipal del inmueble es un punto de partida relevante: el Ayuntamiento no necesita adquirirlo, sino decidir cómo gestionarlo. Eso simplifica el proceso, aunque también implica que la responsabilidad sobre su estado, su mantenimiento y su destino recae directamente en el consistorio.
Qué usos se contemplan y por qué importan
El Ayuntamiento apunta a tres grandes ámbitos para el futuro del edificio: cultura, formación e innovación. Estos tres ejes no son excluyentes entre sí, y de hecho muchos proyectos urbanos de referencia en otras ciudades combinan los tres en un mismo espacio.
Un uso cultural podría traducirse en salas de exposición, espacios para artes escénicas, residencias de artistas o programación estable de actividades. La formación abriría la puerta a centros de capacitación profesional, sedes universitarias descentralizadas o espacios de aprendizaje no formal. La innovación, por su parte, encajaría con incubadoras de empresas, laboratorios ciudadanos o espacios de coworking orientados a sectores creativos o tecnológicos.
Alicante cuenta con una agenda cultural activa y una vida festera de primer nivel, como demuestran las Fogueres Culturals 2026, con música, folklore y tradición, pero la ciudad también necesita infraestructuras estables que sostengan la actividad cultural más allá de los ciclos festivos. Un espacio como las Harineras podría cubrir esa función de forma permanente.
El papel de los socios: cesión, cogestión o colaboración
El modelo que finalmente se adopte dependerá del tipo de socio que se incorpore. Una universidad podría estar interesada en una cesión de uso a largo plazo para instalar una sede o un centro de investigación. Una fundación cultural podría asumir la gestión del espacio a cambio de desarrollar su programa propio. Una empresa del sector tecnológico o creativo podría cofinanciar la rehabilitación a cambio de condiciones de uso preferentes.
Cada fórmula tiene implicaciones distintas en términos de inversión, control público y acceso ciudadano. El Ayuntamiento deberá equilibrar el interés en atraer socios con capacidad de inversión y la necesidad de garantizar que el espacio mantenga un carácter público y accesible para los vecinos de Benalúa y del conjunto de la ciudad.
Benalúa y la regeneración urbana de Alicante
Este proyecto se enmarca en una tendencia más amplia de recuperación de edificios singulares en barrios consolidados. Benalúa es un barrio que combina una trama urbana densa con equipamientos de proximidad y una comunidad vecinal activa. La llegada de un espacio cultural o de innovación de cierta envergadura podría reforzar su centralidad dentro de la ciudad y generar actividad en su entorno comercial y de servicios.
Para los vecinos del barrio, la activación del edificio supondría también una mejora en la percepción del espacio urbano, ya que los inmuebles municipales sin uso tienden a deteriorarse y a generar sensación de abandono. Darle una función clara y sostenida en el tiempo es, en ese sentido, también una cuestión de calidad urbana.
Alicante tiene en su agenda cultural y de ocio una oferta que crece cada temporada, como refleja la programación de eventos que recoge la guía de planes y eventos de AlicanteExplora. Contar con nuevos espacios estables donde anclar parte de esa actividad es una necesidad real.
Qué puede esperar el lector en los próximos meses
Por el momento, el proceso está en fase de sondeo. El Ayuntamiento no ha publicado una convocatoria formal ni ha fijado plazos concretos para la selección de socios. Lo que sí ha hecho es señalar públicamente su disposición a explorar alianzas, lo que puede interpretarse como una invitación abierta a que organismos e instituciones interesadas se pongan en contacto.
El seguimiento de este proceso será relevante para quienes trabajan en el ámbito cultural, educativo o tecnológico en Alicante, así como para los vecinos de Benalúa y para cualquier ciudadano interesado en cómo la ciudad gestiona su patrimonio municipal. Las decisiones que se tomen en los próximos meses determinarán si las Harineras se convierten en un referente urbano o si su activación se dilata más en el tiempo.