Beniarrés tiene el origen que tienen muchos pueblos del interior alicantino: una fundación de época andalusí reflejada en el propio nombre, de raíz árabe, y una historia posterior de repoblación cristiana tras la Reconquista. El municipio perteneció históricamente al señorío del Comtat, esa comarca interior que durante siglos giró en torno a Cocentaina y Alcoi. Ese pasado se nota en la estructura del pueblo, en los topónimos del término y en la relación que sus vecinos mantienen con la tierra.
Las fiestas patronales en honor a Sant Bartomeu, celebradas en agosto, son el momento en que el pueblo se vuelca. Moros y Cristianos no son aquí tan espectaculares como en Alcoi o Cocentaina, pero tienen una escala humana que los hace especialmente auténticos: todo el mundo conoce a todo el mundo, y eso se nota en el ambiente. Los preparativos, las cenas de filà y el disparo de pólvora son parte del ADN festivo de toda la comarca.
El Comtat en general, y Beniarrés en particular, forma parte de una zona de fuerte identidad valencianohablante. La llengua és la que sents al mercat, a la parada del autobús o en cualquier conversación entre vecinos. Eso también es cultura, y conviene tenerlo en cuenta para entender cómo es la gente de aquí: directa, trabajadora y con apego real a su territorio.
La economía tradicional ha girado en torno a la agricultura —naranjos, olivos y, en menor medida, viña— y a la industria textil que durante décadas fue el motor de toda la comarca del Comtat. Hoy ese tejido industrial ha adelgazado, pero Beniarrés mantiene su carácter rural con una comunidad que no ha perdido el vínculo con la huerta.