Benferri tiene una historia marcada, como casi todo el Bajo Segura, por el devastador terremoto de Torrevieja de 1829, que obligó a reconstruir buena parte del caserío desde cero. Antes de ese episodio, el municipio ya contaba con presencia árabe documentada, de la que quedan los restos del castillo en lo alto del cerro, y más tarde pasó a formar parte de la jurisdicción del marquesado de los Vélez durante el periodo señorial. Ese pasado explica la estructura del pueblo: compacto, orientado hacia la plaza de la iglesia, con calles cortas que bajan desde el cerro.
Las fiestas patronales en honor a la Inmaculada Concepción, celebradas en torno al 8 de diciembre, son el momento álgido del año. Pero si quieres ver a Benferri con más ambiente, las fiestas de verano —que suelen celebrarse en agosto— reúnen a los vecinos que han salido a trabajar fuera durante el año y que vuelven al pueblo con ganas de reencontrarse. Música en directo, juegos populares y mucha calle compartida son lo habitual.
La identidad de Benferri está ligada profundamente a la agricultura. La vega del Segura ha marcado el ritmo de vida durante generaciones: los ciclos de la naranja y el limón, las acequias heredadas del sistema de riego árabe, y una forma de entender el trabajo y el territorio que sigue muy presente aunque el pueblo se haya modernizado. Aquí la huerta no es decorado, es economía real.
Culturalmente, Benferri pertenece al área de influencia de Orihuela, capital histórica y cultural del Bajo Segura, a unos pocos kilómetros. Eso significa que muchos vecinos se mueven a Orihuela para teatro, mercados o eventos, mientras el pueblo mantiene su propia escala humana y su calendario propio.