Aielo de Malferit tiene raíces moriscas que se remontan a la época medieval, aunque el nombre actual ya aparece documentado en el siglo XIII. Tras la expulsión de los moriscos en 1609, el señorío fue repoblado por familias valencianas y catalanas, lo que dejó huella en la arquitectura civil y religiosa que aún puede verse en el casco histórico.
La prosperidad del siglo XVIII impulsó la construcción de casas señoriales y la propia iglesia de San Bartolomé, que marcó el carácter del pueblo durante generaciones. Pero si hay algo que define la identidad de Aielo en los últimos 150 años, eso es la industria licorera. La destilería local convirtió al municipio en un referente del anís valenciano, con exportación que llegó a mercados internacionales en su mejor época.
Las fiestas patronales en honor a San Bartolomé, celebradas en agosto, son el momento en que el pueblo se vuelca: actos religiosos, música, bailes tradicionales y mucha vida en la calle. También tienen relevancia local las fiestas de Moros y Cristianos, que en la comarca del Valle de Albaida se viven con la misma intensidad que en la costa alicantina, aunque con un carácter más íntimo y menos masificado.
El valenciano es la lengua habitual de Aielo, y eso se nota en la forma en que la gente se dirige a los forasteros: con cordialidad directa, sin el barniz turístico que a veces tienen los pueblos de costa.