La fiesta de barrio
Cuando un barrio entero se echó a la calle
Imagina la Alicante de 1956. La ciudad crecía y la Fiesta se contagiaba de calle en calle. Fue entonces cuando un grupo de vecinos, con más ilusión que medios, decidió que su barrio también merecía tener su propio monumento. Así, con el esfuerzo de todos, nació la hoguera barrio José Antonio.
Desde el primer día, esta no fue una comisión cualquiera. Se forjó con un carácter humilde, muy de la gente, muy familiar. El casal, en la calle Santa María Mazzarello, era mucho más que una sede: era el punto de encuentro, el lugar donde se celebraban las alegrías y se planeaba el año entero. Para mí, esa es la verdadera magia de las Hogueras.
Y si algo define a esta comisión es la lealtad. No es raro encontrar festeros que peinan canas y que llevan más de un cuarto de siglo al pie del cañón. ¿Te imaginas lo que es eso? Es una vida entera dedicada a unos colores, una prueba de amor incondicional que se ha contagiado de padres a hijos.
Del barrio José Antonio a Altozano Sur: una evolución con el mismo corazón
Con el paso de las décadas, Alicante cambió, y los nombres de sus calles y barrios también. El paso a foguera Altozano Sur fue un cambio natural, una forma de que la comisión siguiera siendo el fiel reflejo de su gente y de su tiempo.
Pero que no te engañe el cambio de nombre. El alma del barrio José Antonio sigue ahí, en cada pasacalle, en cada almuerzo y en cada lágrima de emoción durante la cremà. El legado de aquellos pioneros de 1956 es el cimiento sobre el que se levanta, año tras año, la hoguera actual.
Ojo, es fácil confundirse. A veces, la gente pregunta si es la misma que la foguera José Ángel Guirao. Y no, son dos historias diferentes. La de José Ángel Guirao es otra comisión magnífica, nacida en 1999 para homenajear a un grande de la Fiesta. Pero la nuestra, la del barrio, tiene sus raíces mucho antes, en aquella Alicante de los años cincuenta.
Artistas y monumentos para el recuerdo
Las calles de este distrito han sido un lienzo para grandes maestros del cartón piedra. Sus monumentos, siempre con ese toque de sátira y crítica sobre la vida del barrio, son un arte que, aunque efímero, se queda grabado en la memoria.
- Francisco Granja (1961): Un auténtico mito de les Fogueres. Dejó su firma con «Astrofísica», una obra que hoy nos transporta directamente a la estética y los sueños de aquella época.
- Pedro Soriano (1991): Treinta años más tarde, fue el turno de otro gran artista. Su monumento nos recuerda cómo eran las hogueras de finales del siglo XX, más atrevidas y coloridas.
Son solo dos pinceladas de una historia artística llena de premios y reconocimientos que llenan de orgullo a todo un barrio.
Las reinas del fuego: las belleas que enamoraron al barrio
Si el monumento es el cuerpo, la bellea y sus damas son el corazón que bombea la fiesta. Ellas llevan la sonrisa y la elegancia del barrio por toda la ciudad. ¿A quién no se le ilumina la cara al verlas pasar?
Desde las primeras representantes, allá por los años 50, hasta las chicas que hoy defienden con orgullo la banda, todas forman parte de una historia preciosa. Y, por supuesto, no podemos olvidarnos de la comisión infantil, esa cantera de festeros que corretean por el racó y que nos aseguran que en Altozano Sur, la llama de la fiesta tiene futuro para rato.