Villalonga pertenece a la comarca valenciana del Marquesado, una zona de transición entre la Marina Alta alicantina y la Safor valenciana. Eso le da una identidad cultural peculiar: el valenciano es la lengua cotidiana del pueblo, las tradiciones conectan con el mundo rural de huerta y montaña, y el calendario festivo sigue los ritmos agrícolas que han marcado esta tierra durante siglos.
Las fiestas patronales en honor a San Bartolomé, celebradas en agosto, son el momento álgido del año. Como en la mayoría de pueblos del interior, estas fiestas concentran a los vecinos que viven fuera el resto del año, dan vida a las calles durante unos días y mantienen vivas tradiciones como las danzas, los castells de focs y los actos religiosos. La participación es alta y el ambiente, genuinamente de pueblo.
La historia del municipio está ligada a la ocupación árabe del territorio, visible en la toponimia y en algunos elementos del paisaje agrario. La estructura de la huerta, con sus sistemas de riego tradicionales, es herencia directa de esa época. Quienes tienen interés por la historia rural del interior valenciano encontrarán aquí un ejemplo bien conservado de ese modelo de organización del territorio.
El patrimonio inmaterial, en forma de recetas, saberes agrícolas y formas de relacionarse, es quizás lo más valioso de Villalonga. Un pueblo pequeño donde todavía la gente se conoce por el nombre y el café del bar es punto de encuentro real, no de postal.