San Juan de Alicante tiene una identidad marcada por su doble naturaleza: por un lado, el municipio interior con su casco histórico, su iglesia parroquial y el ritmo pausado de un pueblo del interior valenciano; por otro, la franja costera que en verano absorbe a miles de visitantes y residentes de Alicante capital que buscan playa sin salir del área metropolitana. Esa dualidad define buena parte de su carácter.
Las fiestas de Moros y Cristianos se celebran en julio y son el momento en que el municipio más se reconoce a sí mismo. Desfiles, música de dulzaina y tabalet, y una fiesta de calle que mezcla a los vecinos de toda la vida con los nuevos residentes que han llegado en las últimas décadas. La noche de San Juan, el 23 de junio, tiene aquí un valor especial: al fin y al cabo, el municipio lleva el nombre del patrón, y la hoguera en la playa es un ritual que la gente vive con más intensidad que en otros sitios.
El municipio ha crecido mucho desde los años ochenta, atrayendo a clases medias alicantinas que buscaban más espacio y proximidad a la playa. Eso ha generado urbanizaciones y zonas residenciales que conviven con el pueblo original. No es un casco histórico monumental, pero la zona del ayuntamiento y los alrededores de la iglesia de San Juan Bautista conservan ese aire de pueblo que se agradece cuando uno viene buscando algo más auténtico que el paseo marítimo.
Culturalmente, el municipio mantiene viva la tradición del valenciano, y las fiestas religiosas del calendario agrícola todavía tienen presencia en el día a día. La proximidad a la Universidad de Alicante, cuyo campus está prácticamente en el término municipal, aporta cierta vida cultural y dinamismo al entorno, especialmente durante el curso académico.