Xàbia tiene una identidad muy marcada por su geografía. Estar entre el Montgó —declarado parque natural— y el mar ha condicionado durante siglos cómo vivía su gente: agricultura en el interior, pesca en el puerto, y una economía que hoy se sostiene sobre el turismo residencial y de calidad. El municipio tiene una población local de unos 35.000 habitantes que convive con una colonia de residentes extranjeros, principalmente británicos y alemanes, que lleva décadas instalada aquí. Eso le da un carácter propio: ni pueblo de interior ni resort de masas.
La historia del municipio está escrita en piedra tosca, el material local por excelencia extraído desde época romana. Con ella se construyeron no solo casas y la iglesia, sino también gran parte del patrimonio que aún se conserva. El Museo Arqueológico y Etnográfico Municipal, ubicado en el casco histórico, tiene piezas del Paleolítico al Medievo que ayudan a entender por qué este rincón de la Marina Alta ha estado habitado de forma casi ininterrumpida.
Las fiestas más importantes del año son las de Sant Bertomeu, a finales de julio, con la tradicional entrada de moros y cristianos que convierte el pueblo en un escenario festivo durante varios días. Son fiestas de participación local alta, sin el componente de espectáculo turístico que tienen en otros municipios más grandes. En agosto se celebran también las fiestas del Puerto, más populares y nocturnas. Y en enero, la noche de Sant Antoni, las fogueres llenan las calles de humo y ambiente de barrio.
La gastronomía local bebe directamente del mar y de la huerta de la Marina Alta. El arroz a banda es el plato de referencia, pero también tienen mucho protagonismo los fideos a banda, el all i pebre de anguila y los productos del mar en crudo o a la plancha. La gamba roja de la zona —capturada por la flota pesquera del puerto de Xàbia— es de las más valoradas de la provincia.