Senija pertenece a la comarca de la Marina Alta, y eso ya dice mucho de su carácter: valencianoparlante, vinculado a la tierra y con una identidad muy marcada por la agricultura de secano. El municipio ha mantenido durante generaciones una economía basada en el cultivo de la vid y el almendro, dos cultivos que han dado forma al paisaje y a las costumbres del pueblo.
Las fiestas patronales en honor a San Vicente Ferrer son el momento de mayor animación del año. Como en tantos pueblos de la Marina Alta, las fiestas combinan actos religiosos tradicionales con la participación activa de los vecinos: moros y cristianos en formato local, música, y esa manera particular de celebrar que tienen los pueblos pequeños, donde todo el mundo se conoce y la fiesta es literalmente de todos.
La lengua del pueblo es el valenciano, en la variante dialectal propia de la Marina Alta, con algunas particularidades léxicas que los lingüistas llaman apitxat o formes locals. Si te cruzas con alguien en el bar o en la plaza y lo saludas en valenciano, el trato cambia inmediatamente.
Senija no tiene grandes museos ni espacios culturales formales, pero conserva algo más difícil de encontrar: el ritmo de vida de un municipio rural mediterráneo que no ha tenido que reinventarse para el turismo. Lo que ves es lo que hay, y eso, a estas alturas, ya es bastante valioso.