Petrer tiene una historia que arranca mucho antes de que llegaran los Moros y Cristianos, aunque sean éstos los que hoy definen su calendario festivo. El castillo que corona el municipio data del siglo XII y pasó por manos árabes, aragonesas y castellanas antes de quedarse como testigo silencioso del crecimiento del pueblo a sus pies. La iglesia parroquial de San Bartolomé, en el corazón del casco antiguo, marca el centro histórico y lleva siglos presidiendo la vida del municipio.
Las fiestas de Moros y Cristianos de Petrer son de las más antiguas de la provincia, declaradas de Interés Turístico Nacional. Se celebran en mayo, en honor a San Bonifacio, y durante varios días el municipio se divide en filaes que compiten en desfiles, actuaciones y la recreación de la batalla y el acto del castillo. Si nunca has visto unos Moros y Cristianos de cerca, Petrer en mayo es una buena oportunidad: tiene la escala justa para que no te pierdas en la multitud pero sí sientas la intensidad de la fiesta.
La identidad de Petrer no se entiende sin el calzado. Desde mediados del siglo XX, la industria zapatera transformó un pueblo agrícola en un municipio industrial moderno. Esa transformación dejó huella en la arquitectura, en el tejido social y hasta en el vocabulario local. Hoy el sector ha evolucionado hacia diseño y calidad, pero sigue siendo el motor económico que explica por qué Petrer tiene el tamaño y la vitalidad que tiene.
Culturalmente, el municipio mantiene tradiciones como la Setmana Cultural, grupos de folklore local y una programación municipal que, sin ser de capital, cubre las necesidades de ocio y formación de sus vecinos con dignidad.