La Aparecida debe su nombre a la tradición popular que cuenta la aparición milagrosa de una imagen de la Virgen en la zona. Ese origen devocional marca todavía hoy el calendario y la identidad del pueblo. Las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Aparecida son el momento cumbre del año: la pedanía se llena de vecinos que regresan, de música, de pólvora y de la algarabía propia de los pueblos de la Vega Baja cuando celebran en serio.
Como todas las pedanías del término de Orihuela, La Aparecida comparte con su capital un legado histórico enorme. La Vega Baja fue territorio de frontera entre Castilla y Aragón durante la Edad Media, y esa historia se nota en la arquitectura de toda la comarca. Orihuela, que administrativamente lo engloba todo, fue sede episcopal y ciudad universitaria, algo que dio a esta zona una relevancia cultural muy superior a su tamaño.
La vida cultural cotidiana de La Aparecida es la de cualquier pedanía mediterránea: las peñas, las asociaciones de vecinos, la huerta como telón de fondo y las conversaciones en la puerta de casa cuando la tarde refresca. La gente de aquí tiene ese carácter directo y trabajador propio del interior de la Vega Baja, menos mediterráneo de postal y más de gente que madruga para coger limones.
La proximidad a Orihuela permite a los vecinos participar en eventos culturales de mayor escala, incluida la famosa Semana Santa oriolana, declarada de Interés Turístico Internacional, y el Misterio de Elche, al que se puede llegar fácilmente desde aquí. La pedanía no tiene grandes monumentos propios, pero forma parte de un territorio con una densidad cultural notable para su tamaño.