Ibi tiene una identidad muy marcada por dos cosas: el juguete y el agua. La industria juguetera arrancó a principios del siglo XX y convirtió a este municipio del interior en un referente exportador que llegó a competir con fabricantes europeos. Esa historia industrial no es un dato secundario: define la personalidad de la gente, que es trabajadora, práctica y con los pies en el suelo.
Las fiestas más conocidas son, sin duda, Els Enfarinats, el 6 de enero. Una batalla de harina, huevos y agua en plena calle que protagonizan los quintos del pueblo con un ritual que mezcla humor, caos y una tradición documentada desde el siglo XIX. La fiesta está declarada de Interés Turístico Nacional y cada año atrae a fotógrafos y curiosos de toda España. Eso sí, si piensas ir de espectador, asume que acabarás manchado igual.
Pero Ibi también tiene sus Moros y Cristianos, celebrados en honor a la Virgen de los Desamparados en septiembre, con desfiles, arcabucería y la algarada de rigor. Son fiestas más íntimas que las de municipios como Alcoy o Villena, lo que las hace más accesibles para quien quiere vivirlas desde dentro sin agobios de multitudes.
En lo cultural, el municipio ha apostado por el patrimonio industrial y la memoria colectiva del juguete. Hay murales, referencias en el espacio público y una conciencia local de que esa historia merece contarse. Ibi no es un pueblo que mire hacia atrás con nostalgia: la industria sigue viva, aunque reconvertida y modernizada.