Gandia tiene una historia que va bastante más allá de su fama playera. Fue capital del ducado de Gandia y cuna de san Francisco de Borja, cuarto general de la Compañía de Jesús, lo que le dio durante siglos un peso político y religioso desproporcionado para su tamaño. Ese pasado se palpa hoy en el Palau Ducal, en la colegiata de Santa Maria y en las calles del centro histórico, donde conviven edificios del gótico valenciano con comercios de toda la vida.
Las fiestas grandes de Gandia son las de la Mare de Déu de Gràcia, a mediados de septiembre, con procesiones, actos religiosos y ambiente de ciudad que se vuelca en la calle. Pero si hay una celebración que define el carácter local, esa es la Setmana de la Mar, que combina tradición marinera con actividades culturales y gastronómicas en torno al puerto y la playa. En Semana Santa también hay procesiones de largo recorrido, con la procesión del Silencio del Viernes Santo especialmente sentida.
La comarca de la Safor, a la que pertenece Gandia, tiene una identidad propia muy marcada: valencianoparlante por tradición, con una huerta productiva que abastece buena parte de la zona y una relación histórica con el mar que se nota en la cocina y en el carácter de su gente. Gandia es la capital indiscutible de la comarca, lo que significa que concentra servicios, comercio y vida cultural para toda la zona.
Culturalmente, la ciudad cuenta con el Museu Arqueològic de Gandia, que recoge piezas del yacimiento de la Cova del Parpalló, uno de los sitios paleolíticos más importantes del Mediterráneo español. Un dato que sorprende a mucha gente que solo conoce Gandia por la playa.