El Campello tiene una historia que va mucho más allá de lo que sugiere su aspecto de pueblo costero tranquilo. La presencia humana en este territorio se remonta a más de tres mil años, y la Illeta dels Banyets es la prueba más visible de ello: un enclave ibérico y romano que funcionó como punto de intercambio comercial entre culturas del Mediterráneo. Ese pasado de pueblo abierto al mar sigue muy presente en la identidad local.
Las fiestas grandes del Campello son las de Moros y Cristianos, que se celebran en honor a San Juan Bautista a finales de junio y principios de julio. No tienen la escala de las de Alcoy ni la fama de las de Villena, pero quien las vive de cerca valora precisamente eso: la participación es muy alta en relación al tamaño del pueblo, y la fiesta se siente auténtica, sin el peso del turismo masivo. Las comparsas tienen solera y los desfiles de entrada tienen su propio carácter.
En invierno, el municipio vive a otro ritmo. La Cabalgata de Reyes tiene fama en la comarca por ser especialmente animada, y las fiestas patronales de Sant Jaume en julio marcan el verano para los vecinos de toda la vida. El carnaval, aunque sin la tradición de otras zonas, ha ido ganando participación en los últimos años.
Culturalmente, el Campello tiene el Museo Arqueológico Municipal, que recoge los hallazgos de la Illeta y ofrece un contexto necesario para entender lo que se ve en el yacimiento. Merece una visita antes de ir al sitio, no después. El tejido asociativo del pueblo es activo: hay peñas, grupos folklóricos y una vida de barrio que se nota cuando caminas por el casco urbano un jueves por la mañana.