Alcoy no se entiende sin sus Fiestas de Moros y Cristianos. Cada abril, la ciudad entera se transforma: las filaes (las comparsas) llevan meses preparando trajes que cuestan un dineral, la pólvora llena el aire y la música de la Marcha Mora o el Pasodoble Cristiano resuena por cada calle del centro. La festividad conmemora la batalla de 1276 en la que, según la tradición, San Jorge apareció para defender la ciudad. Lo que en otros sitios sería un acto municipal aquí es una religión civil con normas, jerarquías y una pasión que se hereda de padres a hijos.
Más allá de abril, Alcoy tiene una vida cultural propia e intensa para ser una ciudad de interior de unos cincuenta mil habitantes. El Teatre Circo, rehabilitado, programa temporadas de teatro y música. El CAMAC (Centro de Arte Moderno y Contemporáneo) ofrece exposiciones que se mantienen al nivel de las grandes ciudades. La Banda Municipal de Alcoy, por su parte, es una institución: la música festera ha generado compositores de primer nivel y una afición por las bandas de música que pocas ciudades de la provincia pueden igualar.
La historia industrial de Alcoy también es parte de su identidad. En el siglo XIX fue una de las ciudades más industrializadas de España: papel, textil, metalmecánica. Esa herencia se nota en la arquitectura, en el trazado urbano y en el carácter directo y trabajador de su gente. El Museu Arqueològic Municipal Camil Visedo completa el relato histórico con piezas que van desde la prehistoria hasta la época árabe.
Y luego está la Navidad. Alcoy presume de haber recibido la primera carta a los Reyes Magos de España, y la Cabalgata de Reyes del 5 de enero es una de las más tradicionales y emotivas del país. No hay efectos especiales ni carrozas de Hollywood: hay barba de verdad, terciopelo y una ciudad que se lo cree con una convicción que resulta muy bonita de ver.